Bienvenido a la Basilica de San Pablo Extramuros de Roma
Imponente, elegante y majestuosa, la Basílica de San Pablo Extramuros es una de las cuatro basílicas papales de Roma, segunda en tamaño, sólo después de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Construida en el lugar de sepultura de Pablo de Tarso, la basílica fue destruida en el incendio de 1823 y reconstruida a partir de 1826 gracias a las contribuciones de los fieles de todo el mundo.
La leyenda cuenta queLa Basílica San Pablo Extramuros fue erigida en el siglo IV por orden del emperador Constantino sobre la tumba de San Pablo; tras ser martirizado el apóstol San Pablo en el siglo I d.C., sus seguidores levantaron un santuario sobre la tumba.
Pablo fue sepultado en una necrópolis romana no muy distante y su tumba se convirtió en seguida en objeto de veneración.
Sobre ella se edificó una cella memoriae que el emperador Constantino transformó en una pequeña basílica, y que fue consagrada en 324 por el Papa Silvestre I. que fue demolida en el año 386 para la construcción de una basílica mayor, que se vería finalizada en el año 395.
Durante siglos, el templo había sido enriquecido con valiosos frescos y mosaicos, y a comienzos del siglo XIX era uno de los edificios más impresionantes de Roma. Conservaba intacto su sugestivo aspecto paleocristiano
Entre los años 1220 y 1241 se construyó el precioso claustro que aún se conserva, prácticamente el último superviviente al gran incendio de 1823.
La noche del 15 de julio de 1823 un gran incendio redujo a cenizas todo aquel valioso patrimonio de arte e historia. La ciudad entera acudió a ver el triste espectáculo. Sin embargo, los cardenales no se atrevieron a dar la noticia al Papa Pío VII, gravemente enfermo, que murió al cabo de un mes.
El gran novelista Stendhal, que se encontraba en Roma en aquel momento, describió del siguiente modo la conmoción que provocó el triste suceso:
Yo visité San Pablo el día después del incendio. Tuve una impresión de severa belleza, triste como la música de Mozart. Estaban todavía vivos los vestigios dolorosos y terribles de la desgracia; la iglesia se había convertido en escombros negros y humeantes; los fustes de las columnas, partidos por toda su largura, amenazaban con caer a cada instante. Los romanos, consternados, habían ido en masa a ver la iglesia incendiada.
Stendhal.
Tras el incendio, el mundo entero se volcó en la restauración de la iglesia, que posteriormente sería declarada monumento nacional.
El nuevo templo, cuya restauración duró todo un siglo, es sólo una interpretación decimonónica del antiguo, pero la monumentalidad de este gran espacio basilical es todavía una de las mayores impresiones que se pueden recibir en Roma.
El sarcófago de San Pablo todavía se puede ver en el interior de la Basílica y en el curso de recientes obras se ha construido una gran ventana bajo el Altar Papal, que permite a los fieles poder ver la Tumba del Apóstol con la losa original grabada de la tumba.
La iglesia asumió la forma actual tras la reconstrucción de los emperadores Valentiniano II, Teodosio y Arcadio, para ser más adelante consagrada de nuevo por el Papa Siricio en el año 390.
Entre los siglos XIII y XV la basílica empezó a albergar numerosas obras de arte, pero fue duramente afectada por un incendio en 1823. El Papa León XIII nombró una comisión para edificarla de cero, basándose en las dimensiones y la planta del templo precedente.
Aunque se encuentre ligeramente a desmano respecto a otros monumentos de la Capital, esta bellísima iglesia merece una visita. Pero, ¿qué se puede ver en la Basílica de San Pablo?
Para entrar en la basílica tenéis dos opciones: por el norte a través del Pórtico Gregoriano, enfrente del Parque Ildefonso Schuster o bien por el oeste por el cuadripórtico.
Aquí, rodeada por la imponente columnata, os dará la bienvenida la imponente estatua de San Pablo, realizada en mármol de Carrara por Giuseppe Obici.
Construido entre 1890 y 1928 por Guglielmo Calderini según el proyecto de Luigi Poletti, el pórtico presenta una fila de columnas a la entrada, doble a los dos lados y triple en el lado opuesto.
Las paredes laterales están decoradas por medallones que representan a los doce apóstoles y a algunos discípulos de San Pablo, mientras que en la faja superior destacan los espléndidos mosaicos del siglo XIX, también obra de Luigi Poletti, autor entre otras cosas, del campanario y del pronaos en el lado septentrional.
Además de la gran impresión que producen las enormes naves, lo más interesante de San Pablo Extramuros son los vestigios supervivientes del antiguo templo, como puedes ver en el siguiente plano. El color indica el grado de importancia: de mayor a menor, rojo, azul y verde.

El interior de la Basílica de San Pablo es grandioso, está compuesto por cinco naves subdivididas por 80 columas monolíticas de granito. 130 metros de longitud, 65 de ancho y 30 de altura: con enormes columnas de alabastro y preciosos mosaicos dorados, estas son las medidas de la imponente basílica. En el interior os sentiréis de golpe ¡muy pequeños!
Lamentablemente, debido al incendio producido en 1823, son pocas las partes que se conservan intactas de la basílica medieval, pero aún se pueden contemplar algunos mosaicos del siglo XIII, un gran candelabro del siglo XII, o el baldaquino de mármol de 1285 bajo el cual se encuentra la sepultura de San Pablo.
El altar central, bajo el que se encuentra la tumba del Santo, está coronado por el célebre Ciborio gótico de Arnolfo di Cambio (1285), formado por cuatro columnas de pórfido rojo que sostienen la cubierta adornada por estatuas y mosaicos coloridos mientras que a la derecha del altar se encuentra el gran candelabro para el cirio Pascual realizado en mármol por Nicola D’Angelo y Pietro Vassalletto en 1170.
El ábside está dominado por el majestuoso mosaico encargado por el Papa Inocencio III, completado bajo el pontificado del Papa Onorio III. En el centro se encuentra la figura del Redentor en el acto de bendecir, con el libro del Evangelio abierto en la mano derecha. A los lados se encuentran San Pedro y San Pablo,acompañados por los santos Andrea Apóstol y Lucas Evangelista.
En la faja inmediatamente encima de los arcos que dividen las naves, se encuentran los retratos de los diferentes papas que se han sucedido a lo largo de la historia, desde San Pedro hasta el Papa Francisco, que es actualmente el único que está iluminado.
Sobre los medallones, en la parte alta de la nave central y del transepto, hay 36 frescos en los que están representados algunos episodios de la vida de San Pablo, también estos encargados por Pío IX, pero completados sólo en 1860.
Realizados con la técnica del mosaico sobre un sfondo dorado, estos retratos se iniciaron en 1847 durante el pontificado del Papa Pío IX, pero la idea tiene raíces antiguas, puesto que se encontraban ya presentes en la antigua basílica.
Uno de los mayores tesoros que alberga la iglesia es el claustro construido entre 1208 y 1235, superviviente del gran incendio y que presenta un perfecto estado de conservación.
Probablemente la parte más llamativa de la iglesia sea el grandioso atrio dotado de 150 columnas desde el que se puede contemplar el exterior de la iglesia recubierto por un enorme mosaico dorado realizado entre 1854 y 1874, que refleja los rayos del sol.
El centro del gran patio ajardinado está dominado por una colosal estatua de San Pablo.
A comienzos del siglo IV, el emperador Constantino construyó la primera basílica sobre el lugar donde los cristianos habían venerado siempre las reliquias de San Pablo. Pero a lo largo de los siglos la tumba fue quedando sepultada por varios estratos arquitectónicos.
En el año 2002 se iniciaron unas excavaciones bajo el altar, que dieron como resultado el hallazgo, 4 años después, de un sarcófago macizo de 2,55 m. de largo por 1,25 m. de ancho y 0,97 m. de altura, identificado con seguridad con el del Apóstol.
El sepulcro está ahora a la vista a través de una abertura (no te confundas: lo que se ve en el suelo, a través de un cristal, es el ábside de la primera iglesia; el sepulcro se ve a través de la reja).
En el año 2009, dedicado por el papa Benedicto XVI a San Pablo en el bimilenario de su nacimiento, se realizó por primera vez una exploración del interior del sepulcro. En la homilía de la Misa de clausura del Año Paulino (28.VI.2009), el papa Benedicto daba al mundo la noticia del siguiente modo:
En el sarcófago, que no había sido abierto nunca en tantos siglos, se hizo una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino. Se encontraron también granos de incienso rojo y de sustancias proteicas calcáreas.
Además, el análisis de pequeñísimos fragmentos óseos, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que desconocían su procedencia, ha dado como resultado que pertenecían a una persona que vivió entre los siglos I y II. Esto parece confirmar la unánime e incontrovertida tradición de que se trata de los restos mortales del apóstol Pablo.
La entrada a la Basílica es gratuita, mientras que para visitar el Claustro y la Pinacoteca hay que pagar entrada.
En el interior se encuentran expuestas numerosas obras de arte, como esculturas, frescos y sarcófagos que datan de época paleocristiana: la entrada es sin duda barata (4,00€) por lo que si tenéis un poco de tiempo, nuestro consejo es que entréis y no lo penséis dos veces.
Este claustro, llamado también el Vassalletto es en absoluto una de las maravillas de Roma del siglo XIII y representa el ápice artístico del estilo cosmatesco.
El cuadrilatero está compuesto por una serie de cuatro columnitas dobles, todas diferentes entre ellas, algunas lisas, otras estriadas que sostienen pequeños arcos a todo sexto, coronado por una maravillosa cornisa decorada con mosaicos.
Un lugar adecuado para la meditación y el estudio, donde los monjes todavía se reúnen en oración en busca de paz y serenidad.
En la Pinacoteca, al lado de la sacristía, podréis admirar grabados de Piranesi, códigos y los antiguos batientes de bronce de la Basílica, además de importantes tablas del siglo XV, telas de Gaspare Traversi y lunetos de Lanfranco. Cabe destacar el óleo sobre tela Flagelación de Jesús atribuido a Bramantino.
En el bellisímo claustro, en cambio, se conservan numerosos fragmentos arquitectónicos provenientes de la antigua basílica y restos arqueológicos de la cercana necrópolis ostiense. Entre éstos, el sarcófago de Pietro Leone decorado con escenas del desafío y del suplicio de Marsias.
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